Viviendo en Canadá, con la Aurora de un par meses, me encontré con una mujer que acarreaba a su hijo envuelto en una tela. Se veía tan cómoda, y su guagua tan segura y sonriente. Ella estaba vendiendo su creación en una pequeña feria...me acerque con mi guagua en brazos, y en mi inglés chamulleado le pedí permiso para probarla y ver qué se sentía andar con la guagua como un koalita, con los brazos libres, con su carita cerca, y su cuerpo pegadito al mío ...como para susurrearle al oído el mundo, los olores, las caras...para saborear ese olorcito de su cabecita, y sentir su pelito delgado y juguetón en mi cara.
Nunca más me la saqué...ahora, con mi segunda cachorra en ella, y con la primera de mi mano!
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